


Después de la pausa de Lágrimas de Sangre, Microbio inicia una nueva etapa en solitario con un proyecto que nace desde un lugar muy distinto al de sus discos anteriores. Si antes sus trabajos personales funcionaban un poco como cajones de sastre, donde iban a parar canciones descartadas del grupo o ideas más íntimas, este nuevo disco es, por primera vez, un proyecto pensado y construido desde cero como eje principal.
Con esta idea en mente, y con la necesidad de dar forma a un universo musical más amplio, Microbio decide buscar un productor capaz de acompañarlo más allá del rap. Así es como aparece Willow VSound, con quien conecta rápidamente tanto a nivel creativo como personal. El proceso entre ambos empieza casi como un juego: en pocas semanas pasan de hacer un reggae a un tema de hip hop con influencia jazzística, de una rumba a una pieza con sonoridades urbanas e inspiraciones mexicanas.
A medida que avanza el proyecto, esta variedad deja de ser casual para convertirse en una apuesta consciente. El disco se aleja de la idea de un único estilo y pone el foco en la música, en los matices y en la riqueza sonora, recuperando en cierta manera el espíritu de banda que había marcado la etapa con LDS. En todo este proceso se suman distintos músicos y colaboradores, muchos de ellos amigos cercanos, que terminan de dar forma a un trabajo colectivo, orgánico y lleno de detalles.
En este contexto llega “Sangre en Vena”. Una canción de reggae romántico que, sin grandes pretensiones, nace de una inquietud bastante clara: la sensación de que muchas canciones actuales hablan de las relaciones desde un lugar frío, superficial o incluso competitivo.
Frente a eso, Microbio plantea justo lo contrario: una canción sencilla, casi ingenua, que habla de estar bien con alguien, de valorar lo que tienes y de entender que, al final, eso es lo que importa. El tema comienza desde un lugar íntimo, pero a medida que avanza se transforma en algo más compartido, con un estribillo festivo que abre esta idea del amor hacia una dimensión más colectiva y fraternal.
A nivel creativo, “Sangre en Vena” parte de una melodía vocal que Microbio ya tenía en la cabeza, sobre la cual Willow construye toda la producción. El resultado es un sonido limpio y muy agradable de escuchar, con momentos que crecen de forma natural, como las trompetas de Marçal Muñoz que irrumpen con fuerza en el estribillo.
Sin querer ser una carta de presentación demasiado exagerada, “Sangre en Vena” funciona como una puerta de entrada clara al proyecto: una canción que deja entrever una de las muchas caras de un disco que apuesta, sobre todo, por la libertad y la variedad.